martes, 15 de julio de 2008

Lecturas de juventud II

Tuve mi etapa romántica con el Werther de Goethe -que leí y sufrí-, Jane Eyre o Cumbres borrascosas (me resultó poco más que insoportable tanto histerismo). Yo, Claudio Me inicié en la novela histórica de la mano de Mika Waltari y su Sinuhé, el egipcio que fue una obra que me maravilló y me hizo sentir el antiguo Egipto con los cinco sentidos (recuerdo la descripción de los olores, sabores, ungüentos); el siguiente gran impacto lo obtuve con Yo, Claudio de Robert Graves, sumergida de lleno en las intrigas romanas. Años atrás había leído una edición juvenil que relataba la biografía del emperador que me cautivó desde el primer momento; me admiraba la superación de los obstáculos de Claudio y la hipocresía, cinismo, maldad y afán de venganza de la élite imperial (la guinda del postre me llegó varios años después cuando mis padres me regalaron la colección completa de la serie televisiva de la BBC).

Por supuesto, me adentré en las aventuras de Dumas, en especial con Los tres mosqueteros. Tras ellos los demás: La mano del muerto, La Reina Margot, El collar de la reina... Siempre he dicho que con Dumas, además de diversión, se conoce mucha historia.

Los grandes descubrimientos "espirituales" me llegaron uno detrás de otro, con los ojos abiertos, la reflexión confusa y un sentimiento de estar adentrándome en una literatura densa, de disfrute y pensamiento. Me empaché con Herman Hesse, primero con Siddhartha -me tocó en una época realmente muy espiritual- y luego con El lobo estepario, del que el "Tractat" fue un manual varias veces leído; después, más Hesse (Demian, Bajo la rueda, etc.). Kakfa me volvió el mundo del revés y me sumió en una fiebre metafórica y literaria con El proceso, una escalera de caracol subiendo y bajando sin orden ni sentido. Wilde con El retrato de Dorian Gray, una de las novelas que más he saboreado y con uno de los estilos más pulcros y hermosos; siguió el De profundis y varias obras teatrales.

Lo de Dostoievski fue un salto de madurez lectora: Crimen y castigo me dejó con los sentidos multiplicados y un mayor interés por la psicología; de su mano conocí la dulzura con Noches blancas, una pequeña joya.

Joyce y su Retrato del artista adolescente, con el firme compromiso de leer el Ulises -promesa que mantengo... Homero, Calvino (El barón rampante, una de mis mayores delicias), Víctor Hugo, Pessoa (El libro del desasosiego, con el que me identifiqué en tantísimos niveles), El diario de Ana Frank, Camus, Sartre, Shakespeare, Poe... Y tantos otros libros que se quedan en el olvido y el tintero.

Todos ellos, a su especial manera, fueron mis primeras semillas lectoras con las que aprendí no sólo de Literatura, sino de mí misma y del mundo.

Lecturas de juventud I

6 comentarios:

Raúl dijo...

Yo jamás he podido con Dostoievski, lo confieso. falta de compromiso, supongo.

Magnolia de Acero dijo...

Comentabamos el otro día que las obras geniales, tanto de cine como literarias, son aquellas que mantienen su vigencia independientemente de la época en la que se escribieron o que narran.
Efectivamente este es el valor de la literatura, la posibilidad de aprendizaje que nos ofrece, no sólo de otras vidas en otros mundos, sino la reflexión y conocimiento de uno mismo.
¡Enhorabuena!

Rayuela dijo...

Raúl: Ay, Dostoievski es uno de mis imprescindibles. Creo que tengo casi todas sus obras (algunas todavía pendientes de leer). Crimen y castigo fue la primera y abrió la puerta... La he leído dos veces (habrá más, seguro) y en ambas ocasiones la devoré en pocos días. Una maravilla...

No obstante es una literatura muy densa, que puede pesar bastante si no logras meterte en ese clima de miseria, drama y pensamiento.

Magnolia, estoy completamente de acuerdo en lo que dices sobre la vigencia de las obras y el aprendizaje. Muchas de las cosas que sé las aprendí leyendo literatura o bien me sirvieron como llave para profundizar más.

¡Saludos a los dos!

Raúl dijo...

De ahí nace mi trauma con don Feodor, de mi falta de compromiso con la densidad de su obra, a la altura -curiosamente- de la de otros autores que si significan un referente para mí.
Debe de ser que soy un poco vago.
Saludos de nuevo a ti.

LEOFUMOPIO dijo...

Me gustan muchos tus escritos.
Es como si los escribiera Silvia, la misteriosa mujer del cuento de Cortazar.
Saludos.

Rayuela dijo...

¡Oh, mil gracias, Leofumopio! Un honor...

 
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