martes, 29 de julio de 2008

Incertezas de la traducción

Esta mañana leía en adn.es un artículo sobre la situación del traductor literario ("S.O.S. por la literatura universal") que me hizo retomar una duda que hace años me planteo.

En el artículo se expone la situación laboral de muchos traductores, en general mal pagados y peor valorados. La verdad es que desconozco los términos económicos concretos a los que se refieren, pero sí coincido en que últimamente se les concede menor importancia de la que en realidad tienen. Lo he comprobado incluso a un nivel no literario: me consta que, por ejemplo, para textos técnicos se recurre cada vez más al traductor automático que, ni siquiera en esos casos, es eficiente (todos hemos luchado contra algún manual de instrucciones surrealista e incomprensible). Para más inri, se extiende también la idea de que puede prescindirse del corrector de estilo y entonces el resultado sí que puede ser desastroso (sobre todo porque abundan los escritores con buenas ideas -los hay que ni eso- pero con una pésima conjunción de ortografía, gramática y estilo).

Así que, ¿realmente es tan difícil darse cuenta de lo mucho que debe cuidarse una traducción y/o corrección? He leído grandes obras en pésimas traducciones que me mantuvieron a distancia de poder apreciarlas; al releerlas, entonces sí, en una versión cuidada pude conocer "con algo más de certeza" el verdadero texto (lo cierto es que cuando la traducción es mala no es necesario conocer el original para percartarse del desaguisado).

Por otro lado -ésta es mi duda más antigua-, ¿qué grado de fidelidad podemos suponer en una obra traducida? Conociendo de antemano la imposibilidad de la traducción palabra a palabra (tarea propia de las máquinas), no es difícil imaginar el trabajo que implica trasladar un texto literario de su lengua original a otra diferente. Los juegos de lenguaje, las referencias tan propias de una cultura que pierden sentido al exportarlas, los giros humorísticos, las metáforas... Se traduce, se reinterpreta, al final, se adapta. ¿Con qué seguridad puedo afirmar conocer a Kafka si sólo lo he leído en castellano? ¿Y cómo es Rayuela para un lector en japonés?

Quizás por esto, de forma inconsciente, tiendo más a la literatura hispanoamericana. Leo de todo, en épocas, géneros y nacionalidades, pero me "encuentro más" en la letra castellana. Como si el texto escrito en inglés, francés o alemán me llegara a través de un velo que lo diluye ligeramente.

4 comentarios:

Dayana dijo...

En el libro Travesuras de la niña mala de Vargas Llosa que me regalaron para mi último cumpleaños, el protagonista de la historia es un traductor que se aventura a pasar obras de Chejov al español por monedas y su trabajo es de años para producir un ejemplar.

Quizás algo que pueda hacerse para obtener calidad sobre la traducción de las máquinas es ofrecer una traducción colaborativa on line, como se hizo con Facebook.

Pero hay que ver como sería.

Muy bueno tu blog, me tomé uno días para mirarlo y ya lo agregué a mi reader.

Magnolia de Acero dijo...

Siempre hay un margen intercultural, que ni el mejor traductor puede superar; algunos libros necesitarían constantes N.d.T. para que el lector entendiera mejor el valor de ciertos objetos o palabras o giros lingüísticos en la lengua original.
Pero ahí radica la riqueza lingüística.
Y estoy totalmente de acuerdo que la tarea del traductor es insustituible por una máquina, ya que la correspondencia 1:1 apenas existe en semántica. Conseguir sacar a la luz en un idioma, valores ocultos, connotaciones, etc. de otro idioma, y que además sea correcto y estético ES TODO UN ARTE.

Hace un tiempo intenté leer en castellano el Fausto de Goethe, en una edición barata coleccionable con un periódico: ¡imposible! No podía creérmelo. Opté entonces por la fuente original, y quedé totalmente seducida con la obra...

Rayuela dijo...

Recuerdo con espanto unas traduccións de La Ilíada y la Odisea que me hicieron tener una idea igualmente espantosa de la obra de Homero; cuando las leí en una edición bastante más cuidada fue un giro completo. Al principio me dejaba seducir por ediciones baratísimas, ahora elijo con bastante más cuidado. Resignada a no leer el original, al menos intento aproximarme lo máximo posible.

Lo de la traducción entre varios podría ser interesante pero lo veo difícil: ¡cada uno estaría con su interpretación y se tirarían de los pelos!

¡Gracias a las dos por vuestros comentarios!

Raúl dijo...

Recientemente, muy recientemente, he tenido una mala experiencia con una traducción, concretamente, la del libro "los perros de Riga" en su edición de bolsillo de la editorial Tusquets. O ha sido imaginación mí,a o me da, que no han acertado con el elemento literario.

 
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