domingo, 22 de junio de 2008

Forges y el libro (III)

Forges

sábado, 21 de junio de 2008

Aquellos libros como losas...

The secret life of plants, de Anselm Kiefer

Aquí va mi lista de aquellas obras literarias aclamadas por la crítica, admiradas, laureadas, de lectura imprescindible para escuelas, universidades o lectores autodidactas. Novelas consideradas grandes maravillas de la literatura universal... que me han resultado pesadas, intensamente aburridas, incluso molestas y, sobre todo, eternas. [Ojo: esto no implica que los considere malos libros, simplemente no me gustaron.]

Madame Bovary, de Gustav Flaubert. Recuerdo con hastío y dolor de cabeza lo muchísimo que me costó terminar de leerla. El personaje de Ema Bovary es, sin ninguna duda, uno de los que peor he soportado de todas mis lecturas.

Cumbres borrascosas, de Emily Brönte. Me sentía sumergida en un culebrón histérico dirigido por dos figuras, femenina y masculina, entre las que me sería imposible elegir en una competición de antipatía.

Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. Adoro Cien años de soledad, adoro El amor en los tiempos del cólera, me gustó Del amor y otros demonios, La hojarasca y buena parte de sus cuentos, pero la Crónica la encontré insulsa, aburrida y llana. Durante su lectura obligatoria en COU no hice más que preguntarme por qué diablos erraron tanto con su elección, rechazando otros títulos de Gabo.

Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes. Como si hubieran sido 500. Cada vuelta de página me pesaba como una piedra.

La colmena, de Camilo José Cela. No me gustó la historia, los personajes, el tono ni el estilo. Es decir, la novela me cae exactamente igual que la persona que la escribió (ejem).

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Una lectura efímera que no me dejó nada.

Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Boom de los últimos tiempos que, sin ser (aún) un "clásico", lo incluyo dada la gran relevancia que se le está concediendo. Llegué hasta el final por una suerte de compromiso personal.

viernes, 20 de junio de 2008

El grito silencioso, Kenzaburo Oé

El grito silencioso El grito silencioso
(Mannen gannen futtoboru)
Kenzaburo Oé
Anagrama
Panorama de narrativas
ISBN: 978-84-339-0675-5
352 páginas



"La historia de dos hermanos, Mitsusaburo –«Mitsu»– y Takashi –«Taka»–, que viajan a la isla de Shikoku, persiguiendo las trazas de un antepasado que había capitaneado una revuelta campesina; para emularlo, Taka lleva a los muchachos del equipo de fútbol que dirige a rebelarse contra «el emperador del supermercado». En esa cínica degradación del ideal se esconde una de las claves de esta historia terrible. Las otras pueden hallarse en el ojo ciego de Mitsu; en la decadencia a la que se abandona su esposa tras el nacimiento de su hijo retrasado; en la violencia sorda y constante que atraviesa toda la narración, como un auténtico «grito silencioso». Verdaderamente prodigioso en su capacidad de anudar mito e historia, irritación y ternura, anécdota y parábola, para señalar en un gesto casi desinteresado la profundidad de la locura que se abre bajo las existencias aparentemente «normales», Kenzaburo Oé ha sido comparado por esta novela con Céline y Genet y, por supuesto, con Dostoievski." (Anagrama)

Un libro desolador, no triste sino casi patético: sus personajes, sus razones, sus conflictos. Todo adquiere tintes de un profundo y añejo patetismo. Creo que no hay un solo elemento de belleza pura en esta novela. Historias sucias, sórdidas, de crueldad deforme; personajes construidos/destruidos -que se construyen/destruyen a sí mismos- mediante incapacidades. A pesar del final, con un resquicio de esperanza de mejora para el protagonista, son páginas reunidas de fracasos, fracasos vitales de una columna de seres humanos desolados por su propia miseria.

Por todo esto fue una lectura lenta, interrumpida y, también ella, casi fracasada. Se me hizo de lectura difícil precisamente por el pesimismo y la carga dramática tan destructora de la historia.

Casi la dejo a medio camino pero me obligué a terminarla, de lo cual me alegro. Posee un estilo impecable -demoledor, de imágenes fuertes, directas, todo lo opuesto a lo que podríamos considerar "cándido"- y no puedo más que considerarlo un gran escritor. No obstante, si lo que yo percibí en El grito silencioso se mantiene en el resto de sus novelas -cosa muy probable por otros comentarios leídos y también por ciertos elementos comunes: alcoholismo, niños deformes o enfermos- es una literatura no para todo público. Dicho a las claras: a mí me resultó difícil de digerir. Reconociendo su talento literario, la historia y la visión ofrecida por Oé me sumían en una especie de mal sueño, de esos agónicos en donde te encuentras atrapada, en un camino equivocado. Su lectura me despertó sensaciones contradictorias: buena literatura pero ardua de leer.

jueves, 19 de junio de 2008

¿Qué leen los niños?

Después de leer este interesante post de Veronika sobre el hartazgo con respecto a las publicaciones culturales, me ha venido a la mente una reflexión que hace tiempo me hago sobre el nivel de lectura desde la infancia.

Permanentemente estoy en contacto directo con publicaciones infantiles y juveniles, y me sorprendo al descubrir el rango de edad dentro del que se inscriben. Si tuviera que determinar el público al que se dirigen, siempre rebajaría un par o más de años. ¿Por qué? Porque lo hago pensando en los libros que leía de niña, aquellos que pasaban de mano en mano entre los amigos. Hoy veo lecturas “para 10 años” que a los 8 yo ya hubiera empezado a aburrir. Para los de 8 escriben textos tan simples que consideraría destinados a un primer lector. Después hojeo páginas de literatura juvenil y las encuentro faltas de vocabulario, reiterativas en sus argumentos y totalmente planas en cuanto a estilo. Entonces me pregunto: ¿los niños y adolescentes continúan leyendo a los clásicos? Porque ésas eran las lecturas que nos nutrían en mi época, los referentes culturales básicos para aprender a amar los libros. Con esto no pretendo tachar a los autores actuales, sino más bien establecer una línea complementaria entre aquéllos y éstos.

Hace cosa de una semana charlaba con un buen amigo con el que comparto la pasión por los libros. Me comentaba que psicopedagogos actuales, encargados de formar a futuros maestros y profesores, establecen unos rangos de vocabulario infantil que lejos de animar a los niños a leer, los estancan en niveles inferiores. Si conoces 300 palabras y sólo te dan a leer libros de 300 palabras, difícilmente avanzarás. ¿No sería mucho más eficaz y lógico animarte a leer los de 350 ó 400, y así paulatinamente? Por experiencia propia sé que muchas editoriales piden a los autores que rebajen su nivel de vocabulario, considerado “demasiado extenso”.

La verdad es que los sistemas educativos que estamos difundiendo me provocan un poquito de pavor. Se lee poco y con poco; se copia y repite pero no se enseña la crítica y el análisis. Ni desde los centros ni desde los hogares, la bola se va haciendo grande. Menos mal que siempre hay excepciones, pero son tan escasas que cuando las encontramos, llegamos a sorprendernos.


Mafalda, por Quino

miércoles, 18 de junio de 2008

Sobre el arte de un escritor, por Eduardo Galeano

Eduardo Galeano "El mío ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra: desde las primeras tentativas de escribir, cuando era jovencito en una prosa abigarrada, llena de palabras que hoy me dan vergüenza, hasta llegar a un lenguaje que yo quisiera que fuera cada vez más claro, sencillo, y por lo tanto más complejo, porque la sencillez es la hija de una complejidad de creación que no se nota ni tiene que notarse.

"Uno siente primero que el trabajo intelectual consiste en hacer complejo lo simple, y después uno descubre que el trabajo intelectual consiste en hacer simple lo complejo. Y un caso de simplificación no es una tarea de embobamiento, no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida y de la literatura como expresión de la vida. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia.

"Para mí siempre ha sido fundamental la lección del maestro Juan Carlos Onetti, un gran escritor uruguayo muerto hace poco, que me guió los primeros pasos.

"Siempre me decía: "Vos acordate aquello que decían los chinos (yo creo que los chinos no decían eso, pero el viejo se lo había inventado para darle prestigio a lo que decía); las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio". Entonces cuando escribo me voy preguntando: ¿estas palabras son mejores que el silencio?, ¿merecen existir realmente?"

Eduardo Galeano

martes, 17 de junio de 2008

¿A qué velocidad lees?

En términos generales, nuestra velocidad de lectura sería (en palabras por minuto):

  • menos de 100 ppm para memorización
  • entre 100 y 200 ppm para aprendizaje
  • entre 200 y 400 ppm para una lectura de compresión
  • entre 400 y 700 ppm, lectura veloz informativa
  • más de 700 ppm, lectura veloz de exploración


Virgen del canónigo Van der Paele, de Jan van Eyck (detalle) Las técnicas de lectura veloz comenzaron a desarrollarse a comienzos del siglo XX, ante el aumento considerable de la información escrita.

Así es que durante la Primera Guerra Mundial se creó el denominado "método taquitoscópico", que permitió a los pilotos, durante el combate, distinguir si el avión que se aproximaba era propio o enemigo. Para ejercitarlos se les mostraban en pantalla diversos aviones durante pocos segundos.

lunes, 16 de junio de 2008

Obabakoak, Bernardo Atxaga

Obabakoak Obabakoak
Bernardo Atxaga
Punto de Lectura
ISBN: 978-84-663-2092-4
448 páginas

Obabakoak se compone de 26 relatos independientes que, sin embargo, configuran una realidad lírica única, compleja y al mismo tiempo homogénea. A través de los primeros cuentos el autor presenta el mundo mítico de Obaba, que constituye una especie de referencia, no inmediata desde luego, al mundo rural vasco. En la segunda parte de la obra, varios personajes van entrelazando historias hasta desdibujar la frontera entre la realidad y la ficción, entre leyenda y crónica...

La primera edición de Obabakoak en lengua castellana apareció en noviembre de 1989. Entonces supuso no sólo un descubrimiento asombroso sino también un punto de referencia para la literatura de nuestro tiempo. Hoy, admirado ya por decenas de miles de lectores, este texto sigue brindando una oportunidad única: el reencuentro gozoso con una literatura que nace de lo legendario, de lo oral, y que se nutre de la más rica comunicación entre lo real y lo imaginario. Abrir las páginas de Obabakoak, transitar por sus muchas historias, supone adentrarse en el terreno donde campea a sus anchas el "Érase una vez". Es decir, donde todo es posible.

¿Obabakoak es novela o conjunto de cuentos? Difícil cuestión, tiene una estructura peculiar sobre todo a partir de "En busca de la última palabra". Hasta ese punto, es decir, "Infancias" y "Nueve palabras en honor del pueblo de Villamediana", las concibo como distintas pinceladas sobre Obaba: diversos perfiles, personajes, apuntes sobre la vida en el pueblo que, si bien son independientes unos de otros, sí podrían conformar algo cercano a la novela. La última parte tiene una historia vertebral -podríamos decir que todo lo que sucede alrededor del lagarto- de la que parten multitudinarias narraciones alejadas ya de Obaba. Así que podría tratarse de una novela dentro de la que se contasen distintas historias. Si apelo a la sensación final que me dejó la lectura debo decir que la leí casi como si fuera una novela, como un viaje continuo con varias paradas.

Incluso mientras leía la historia del lagarto me vino al recuerdo Si una noche de invierno un viajero de Calvino, no porque tengan semejanzas sino en cuanto que se interrumpe la lectura. Bien es cierto que en la novela de Calvino nos dejan las historias a la mitad, y en Obabakoak sí llegamos al desenlace. Por cierto, ¡qué angustia me provocó el lagarto! Me ponía nerviosa cada vez que el narrador pasaba a relatar un cuento y dilataba la intriga. Sobre el final... espeluznante, acertadísimo, terrible. Me encantó, sobre todo, que el estilo literario del fragmento final se ajustara a lo que le sucede al protagonista.

Algunos "relatos" me gustaron menos que otros pero casi todos me dejaron algo, una sensación entre triste y alegre: la maestra, el enano, los gemelos, Klaus Hanhn...

domingo, 15 de junio de 2008

El Oulipo

¿Oulipo? ¿Qué es esto? ¿Qué es eso? ¿Qué es OU? ¿Qué es LI? ¿Qué es PO?
OU es Taller (Ouvrier) o atelier. ¿Para fabricar qué?
LI. LI es Literatura, lo que leemos y tachamos. ¿Qué tipo de LI? LIPO.
PO significa potencial. Literatura en cantidad ilimitada, potencialmente producible hasta el fin de los tiempos, en cantidades enormes, infinitas para todo fin práctico.
(…)
¿Y qué es un autor oulipiano? Es una rata que construye ella misma el laberinto del cual se propone salir. ¿Un laberinto de qué? De palabras, sonidos, frases, párrafos, capítulos, bibliotecas, prosa, poesía y todo eso.

Marcel Benabou y Jacques Roubaud

¿Qué es el Oulipo, se preguntarán ustedes? Pues el Taller de Literatura Potencial, en francés Ouvroir de Littérature Potentielle, creado en noviembre de 1960 por Raymond Queneau y François Le Lionnais, y secundado por un variopinto grupo de escritores, matemáticos y pintores. En realidad, el Oulipo resultó ser la refundación del Seminario de la Literatura Experimental (SLE) que debía incluirse en la Comisión de Composiciones del Colegio de Patafísica.

Le Lionnais expresa en estos términos el método de trabajo al que aspiraba el Oulipo: "Es posible componer textos que tendrán cualidades poéticas, surrealistas, fantásticas u otras, sin tener calidad de potenciales. Así, es este último carácter el que es esencial para nosotros. Es lo único que debe guiar nuestra elección… El fin de la literatura potencial es proveer a los escritores futuros de técnicas nuevas que puedan reservar la inspiración de su afectividad. De allí la necesidad de una cierta libertad. Hace 9 ó 10 siglos, cuando un literato potencial propuso la forma del soneto, él ha dejado, a través de ciertos procedimientos mecánicos, la posibilidad de una elección. Hay dos lipos: una analítica y una sintética. La lipo analítica busca posibilidades que se encuentran en ciertos autores sin que ellos lo hubieran pensado. La lipo sintética constituye la gran misión del Taller: se trata de abrir nuevas posibilidades desconocidas para los autores antiguos". Lo que resumen en la siguiente divisa: "Llamamos literatura potencial a la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca".

Para todo ello, el Oulipo se concentró en dos tareas:
1- "Inventar estructuras, formas o nuevos retos que permitan la producción de obras originales", valiéndose de la combinación entre Literatura y Matemáticas.
2- "Examinar obras literarias antiguas para encontrar las huellas de la utilización de estructuras, formas o restricciones."

El Oulipo no genera normas artísticas, sino procedimientos de creación. Ya lo había empleado en 1947 Queneau en sus Ejercicios de estilo y lo empleará después en Cien mil millardos de poemas (Cent mille miliards de poèmes), compuesto de diez sonetos combinables entre sí. Otra de las obras representativas del Oulipo es La desaparición (La Disparition) de Georges Perec, historia policíaca en donde no existe la letra "e" [creo que en la traducción al castellano se prescindió, en su lugar, de la "a"] -ver reseña sobre su novela La vida instrucciones de uso.

Entre sus miembros más eminentes podemos destacar, además de los ya mencionados, a Italo Calvino, Marcel Duchamp y Jacques Roubaud.

Algunas restricciones oulipianas de Roubaud:
-Emir: utilización de pares de palabras que son palídromos entre sí.
-Baobab: obligación de usar dos sílabas prefijadas en el mismo verso de un poema.

Enlaces:

Reunión del Oulipo

Reunión del Oulipo en Boulogne en 1975

sábado, 14 de junio de 2008

80 aniversario del nacimiento del Che

Che Guevara


Hoy, 14 de junio de 2008 Ernesto Guevara, el Che, cumpliría 80 años.

Ojalá todos supieran que fue mucho más que la estampa en una camiseta. Un hombre, no una marca ni un eslogan de rebeldía adolescente.


Yo tuve un hermano.

No nos vimos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.


No sé escribir cuando algo me duele tanto (...). La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que el silencio, hasta quién sabe cuándo.

Julio Cortázar
Carta a Adelaida y Roberto Fernández Retamar
29 de octubre de 1967


La carta completa, junto con otros textos sobre el Che escritos por diversos intelectuales, pueden leerse en Che 80.

viernes, 13 de junio de 2008

Casas de papel


Cuanto más leo más cuenta me doy de dónde encuentro mi lugar en los libros; hay ciertas obras que leo y me siento en casa, las absorbo en un tránsito suave, imperceptible, en donde deja de existir la frontera entre fuera y adentro. Leo sin saber que leo, no me siento tan lectora como en la mayoría de las ocasiones. Me siento otra cosa. Abro esos libros y siento calor, como cuando llegas a casa tras un largo viaje en muchas partes. Ahí te encuentras.

Hay una Literatura que me hace sentir así, al margen de la historia narrada.

En los últimos días pienso y pienso, leo y leo y me reencuentro con cosas. Algunas voluntarias y otras no tanto. Entra Cortázar con su vida y decido conocer otra vez (ésta bien) a Johnny con su "esto lo estoy tocando mañana". Entra la necesidad de revolver viejos libros, casi todos anclados en el sur. Entra una guitarra o un cuatro con tonadas incompletas pero conocidas. Entra Silvio. Cuánto tiempo, Silvio, ¿por qué? Y sigo pensando que es el momento de empezar.

Todo esto por los libros. Por algunos libros. Que abro y encuentro una casa. Una casa en donde lloro y a la que extraño, siempre extraño desde siempre. Casas que te dejan un poco hecha pelota -dicho a las claras, perdón- pero que son tu casa. Y las quieres.

 
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