viernes, 3 de octubre de 2008

Mrs. Vértigo

Siempre he sido una persona amante de los recuerdos. Los guardo con cariño en frasquitos individuales, con su olor, con su lluvia o con su sol, con las voces y los paisajes. De vez en cuando saco el tapón y me sumerjo en ellos; otras veces los tapones se agujerean solos y me invade la brisa por sorpresa. Por lo general sonrío, incluso río, y me asusto de cuán cerca parecen por momentos a pesar de la línea del tiempo, ya tan transitada.

Estos días he desempolvado algunos de esos frasquitos y, lo que es mejor, lo he hecho fuera de mi mente. Al reencontrar a esas personas con su halo de recuerdos, he salido de mí para intentar verlo todo desde fuera, a ellos, a mí misma y al tiempo entre medias. Con algunas ha habido sorpresas; con otras sólo confirmaciones, unas para bien, otras para mal. Da un poco de vértigo -como cantaba Ismael Serrano hace una década- observar los años, los cambios y las permanencias. Con siete años, con trece, con dieciocho, con casi treinta. Tiras de los frasquitos y ves secuencias, como si estuvieras en un cine privado, del patio del colegio, del aula decorada con dibujos y atiborrada de carpetas, de las tardes de invierno en donde la noche recortaba las horas libres, de lo lejos que estaba entonces todo, de lo mucho que importaba algo pequeño que ahora me produce risa.

Está lo que pensábamos, lo que queríamos, lo que esperábamos. Los hay que ya no piensan en esa dirección y los hay que han seguido el caminito que comenzaron hace mucho; los hay que han modificado sus querencias hasta el susto, y los que han querido y siguen queriendo, a pesar de las caídas. Y casi todos esperábamos más, o menos, quizás sólo diferente.

Me produce alivio asegurarme de una buena llegada. De que hay quien llegó a donde quería, y a donde yo quería que llegara. No sólo se siente orgullo por los hijos, también por los amigos. En parte has seguido sus viajes, sus esfuerzos, sus decepciones, has puesto alguna baldosa en el camino. Quizás ellos no lo sepan nunca, el orgullo que siento cuando recuerdo y cuento años.


Discover Ismael Serrano!

6 comentarios:

mariano skan dijo...

Te recomiendo el libro de Calvino " La colección de arena" alli el autor narra con maestría la historia de un coleccionista de arena que guarda en frasquitos y rotula con el nombre del lugar de procedencia de los granos.
Tu caso es coleccionista de recuerdos, no está tan lejos.
Yo intento despegarme de los recuerdos pero siempre están ahí.

saludos

Milenia dijo...

Hola Rayuela, te pasaste por mi blog hace exactamente...tres meses :-(

Perdona que no te haya contestado antes, no tenía mucho tiempo y quería leer tu blog con calma (por cierto, qué blog tan chulo tienes).

Como verás, aún no me he actualizado, pero ya estoy maquinando mi siguiente invento con las palabras, ya te haré saber.

Intentaré seguirte un poco más de cerca.

¡Saludos!

Veronika dijo...

Bellísimo post...Melancólico, pero de buena manera. Esperanzador. Y es cierto, también nos alegramos y enorgullecemos de nuestros amigos, de ver cuán lejos han llegado, a veces creyendo nosotros más de lo que ellos creen si mismos.
Yo también colecciono ese tipo de frasquitos, los tengo en diversos diseños y colores... Los desenpolvo seguido, con ternura muchas veces, con algo de aprehensión en otras ocasiones.
Esta mañana saltaron un par de taponcitos; así, sin más, sin advertencias. Fuga de mariposas. Gratas sorpresas.
Quién sabe Rayuela qué olores, que sombras y recuerdos quedarán para mañana... Yo pienso, más bien intuyo, que este blog y su creadora ya tienen un frasquito azul en mi memoria (eso sí, aún está abierto).


Saludos!

Rayuela dijo...

Mariano: Buscaré el libro, pues. ¿Realmente crees que podemos despegarnos de nuestros recuerdos? Al fin y al cabo, estamos en ellos, forman parte de lo que somos. Con los que duelen, hay que aprender a manejarlos en la distancia.

Milenia: ¡Estaré atenta a tu nuevo invento! ¡Gracias por la visita!

Veronika: También tú tienes tu fraquito abierto (azul también, claro) por aquí ;). ¡Y pensar que donde estás tú ahora es de donde yo partí!

LEOFUMOPIO dijo...

Los libros es la mejor forma que he encontrado para acumular recuerdos. La tapa de un buen libro que leí hace años, me trae nuevamente a la cabeza los lugares y las sensaciones que tenia en esos momentos.
También los libros funcionan con la ilusión de un futuro. Con la ilusión de que algún día vamos leer ese libro que tanto hemos buscado.

Rayuela dijo...

Sí, los libros son también nuestros álbumes de recuerdos, un diario de vida.

¡Ay, los libros buscados! Tendré que hacer un post al respecto. Son ya mis obsesiones rituales en cuanto entro a una librería: ¡lo encontraré esta vez?

¡Saludos!

 
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