lunes, 8 de septiembre de 2008

El placer del libro (II)

Traer a mi mente, recordar pasando páginas imaginarias, todos los libros escritos que deseo leer. Me embarga entonces la angustia de lo inabarcable, el temor de perder los ojos antes de capturar tantas palabras unidas por otros de forma única. Pero me embarga también la felicidad aliviada de tener la certeza de que la lectura carece de puertas cerradas, la sabiduría cómplice de que ni la más habilidosa imaginación será capaz algún día de crear todos los libros del mundo.

Albergar en mi interior la verdad: en cada rincón del tiempo y el espacio existe, en perpetua génesis, una nueva biblioteca de Babel.

El placer arrebatado, a duras penas refrenable, de la necesidad imperiosa de la próxima lectura. Doble placer en dos caminos: al conocer mi siguiente elección, y al barajar entre las distintas páginas que podré rozar. La libertad de saltar a gusto y acomodo entre títulos, autores, épocas y estilos.

Aquí yace otra de las infinitas razones por las que amo y sufro la Rayuela de Cortázar: supone la confirmación de que el lector cae y rebota continuamente en el juego dibujado a tiza. Cada casilla un nuevo libro, dentro de él múltiples rayuelitas con nombre propio o anónimo, con intentos externos o vocación de normativa interna, con todas las palabras que dan sentido y lo confunden, en blanco o en colores. La lectura no puede ser más -cuando es apasionada, necesaria, oxigenante- que una enorme rayuela en movimiento en la que juegan el autor y los lectores, de forma consciente o ignorando el desbarajuste lúdico.

Leo y tiro la tiza al comienzo y al final de cada párrafo, cuando me topo la palabra exacta -jamás intercambiable- que produce la taquicardia (en lo bueno, en lo malo) en las manos del escritor. Así que, en el fondo, cada vez que abro un libro estoy desprecintando una cajita de tizas.



2 comentarios:

mariano skan dijo...

Y ante el mundo inabarcable de las letras, el universo con forma de biblioteca con sus galerías y pasillos, en donde cada tomo que se abre en la página 103 nunca se volverá a hallar esa 103p, ante todo eso, como dice Galeano: aýudame a mirar, lástima que la literatura es tan personal.

saludos

Rayuela dijo...

Y por eso cada libro son muchos libros: un poco distinto en cada lectura y persona.

¡Saludos!

 
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