martes, 19 de mayo de 2009

Lunes otra vez

Benedetti

después de todo
la muerte es sólo un síntoma
de que hubo vida








Dicen que el lunes es el peor día de la semana: la vuelta al trabajo o al estudio, recomenzar la monotonía horaria rota durante el sábado y el domingo, el sueño acumulado y el implacable despertador. Habría que discutir qué es realmente peor, si el lunes que empieza o el domingo que termina, pero en este momento carece de interés. La cuestión es que ayer mi lunes cumplió la mala fama que lo persigue. No fue el sueño ni la alarma del reloj, ni las tareas pendientes, ni ese sabor redondo y rojo en la boca, pesado, aburrido. Fue el martillazo que se produjo en un segundo y se extendió, silencioso, durante horas. Ayer nadie tiró piedritas contra mi ventana.

Hace unas semanas presagiamos el dolor, estuvimos varios días pendientes de un hilo, negándonos a aceptar lo que amenazaba inminencia. Y cuando los que estamos distantes bajamos la guardia, la ventana se cerró.

Ayer se murió el viejito, se murió un poeta. Ayer murieron tantas palabras verdaderas y hermosas.

No recuerdo el primer verso suyo que leí, ni el momento exacto; en realidad lo que no recuerdo es que no estuviera. Leo sus poemas y los siento viejos, canciones antiguas que sabemos sin saber que las sabemos. Esas páginas forman parte de mi propia geografía, con dolor y con felicidad, con nostalgia, con dulzura, con valentía. Las reproduje en cartas, las estampé en cuadernos, las recité con público y sin público, las escuché en cassettes prestados entre uruguayos y argentinos (preservando un rinconcito de patria al otro lado), las lloré mil veces con una sonrisa en los labios.

Aprendí a preguntar al azar, aprendí el sentimiento de extrañar, aprendí a defender la alegría, aprendí sobre los otros y sus mordazas. Aprendí mucho sobre lo que es la poesía y más aún sobre lo que es la humanidad.

Y es que era lindo saber que usted existía, don Mario. Es lindo saber que todavía nos quedan sus palabras.

Ayer fue lunes, y se murió un poeta.

6 comentarios:

Veronika dijo...

Rayuela... No sabés cuánto te entiendo. Fue, es una tristeza tan grande perder a un poeta de su talla. Nos queda la comapñía de sus versos, tan queribles y cotidianos como los amigos.
Sí, Lunes otra vez sobre la ciudad... Con lo malo, con lo triste; pero hoy es martes y hay que buscar un rincón en la trinchera... Esa en la que se hace una defensa apasionada de la alegría y la vida.

Rayuela dijo...

Veronika, qué lindo ese pensamiento sobre sus versos: "tan queribles y cotidianos como los amigos". Así los siento, y por eso siento así su muerte. Pero es cierto, ahora debemos defender la alegría con la ayuda de tantos poemas hermosos.

Un beso.

Cris dijo...

Que buen último párrafo el tuyo.... Me ha encantado como lo has relatado, un poco huérfanos nos hemos quedado todos los que admirábamos a este SEÑOR.... es como el abuelo que todos quisiéramos haber tenido a los pies de nuestra cama, contándonos cuentos antes de acostarnos.... Ahora está en "Otro cielo".... (uno de mis favoritos).... Felicidades por la entrada y por el blog :)

Raúl dijo...

Un texto precioso, que ensalza y engalana en su justa medida al homenajeado.
Descanse en paz.

Rayuela dijo...

Gracias, chicos, por vuestros comentarios.

Siguiendo el consejo del "viejito", abriré la ventana, abriré la ventana...

Carol dijo...

Se murio un grande,con todas las letras,el cual de muy chica tuve la oportunidad de tener "montevideanos" en mis manos y solo de leer la primera pagina llore.Uruguay en mi vida significa mucho,pero este sr hizo de ese gran pais toda una narracion,y eso es algo unico..
No soy uruguaya,soy hija de uruguayo y de madre argentina,me tira mucho ese pais,fue parte de mi infancia,son mis vacaciones obligadas.Muy lindo blog,vas a favoritos!

 
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