martes, 14 de octubre de 2008

Fabulando blogs...

Monumento a Cervantes, Cartagena
Según Technorati y su Informe sobre el estado de la Blogosfera 2008, cada día se crean 900.000 posts nuevos de 133 millones de blogs indexados desde 2002. Al margen de la fiabilidad de estos datos, a estas alturas es muy palpable la importancia creciente que el fenómeno del blog tiene en la actualidad. Cualquiera puede abrir en cuestión de minutos, una bitácora donde expresarse de la forma que le venga en gana y comentar aquello que más le apetezca. Las primeras noticias que recibí sobre lo que era un blog apuntaban a diarios personales en los que alguien contaba sus aventuras y desventuras. Dicho así, sin mayor profundidad, no llegó a provocarme ni un gramito de interés: "una mezcla de prensa rosa y reality show", pensé. Por suerte, me equivocaba. La temática sobre la que puede versar un blog es tan diversa que resulta difícil no encontrar uno al que volverse asidua. Yo me "lancé" con la intención de abrir una ventana por la que compartir, con quien gustase, una de las cosas que más amo en el mundo: la literatura. Y aquí recalamos en la blogosfera literaria.

Como hoy día la tecnología nos sacude casi en cada esquina de la actividad humana era de prever que la literatura también encontraría una vía por la que expandirse. El mes pasado nos enteramos de que José Saramago, de 86 años (para que luego digan que internet es para las generaciones jóvenes), se unía al mundo de los blogs con su cuaderno personal, y Javier Marías, reciente miembro de la Real Academia, vuelca en su blog los artículos que publica cada semana en El País. Son sólo dos ejemplos de literatos de renombre que se han sumado al fenómeno.

Por otro lado, existen curiosas iniciativas en la blogosfera literaria: desde el 9 de agosto podemos leer, casi diariamente, las reflexiones de... George Orwell. Para los que no lo sepan, en Orwell diaries se transcriben las anotaciones personales que realizó el autor en su diario durante 1938. Cada entrada se publica el mismo día, setenta años después que su original. De forma análoga puede leerse El quadern gris de Josep Pla, noventa años más tarde de su publicación.

Hace unos días a raíz, precisamente, de una entrada sobre el Nobel portugués, un lector fabulaba sobre la idea de que Fernando Pessoa tendría, hoy día, un blog por cada heterónimo. ¡Qué increíble sería poder leer las reflexiones futuristas de Álvaro de Campos, la 'no-filosofía' de Alberto Caeiro o el clasicismo de Ricardo Reis! Y, por supuesto, al propia Pessoa comentándolos a todos.

¿Qué escritores, ya desaparecidos, tendrían un blog? ¿Se imaginarían haber leído las epístolas de Drácula "en directo"?

O los cuadernos de Kafka (aunque si se negaba a publicar su obra, dudo mucho que claudicase con un blog).

Sí, imagino, por ejemplo, a Virginia Woolf reclamando la escritura femenina o comentando las tertulias del Círculo de Bloomsbury.

Joyce relatando ese día de junio en la vida de Leopold Bloom y Setephen Dedalus.

Rilke aconsejando al joven poeta.

Perec exprimentando con las palabras, anotando las intimidades del edificio de la calle Simon-Crubellier o ideando juegos literarios con Calvino.

¿Y las tribulaciones de Werther? ¿Las meditaciones de los personajes de Dostoievski (y las suyas propias recaudando dinero para pagar las deudas)? ¿O los diálogos entre Sancho y don Quijote?

¿Escribirían Borges y Bioy Casares un blog a dos manos? Sería genial el de Macedonio Fernández o el de Machado, firmando como Mairena. Y qué risa lo que podría escribir Torrente Ballester o Fontanarrosa.

Por supuesto dejo el postre para el final: 'El blog de los cronopios', 'La bitácora de... un tal Lucas', 'La vuelta al día en 80 mundos' (qué título genial para un blog). ¿Y cómo sería Rayuela en formato bitácora...?

domingo, 12 de octubre de 2008

[Algo para compartir] Remedios Varo

El otro día descubrí un par de artistas plásticos que me llamaron mucho la atención, y pensé que era una pena dejarlos pasar y no compartirlos. Así que, de vez en cuando, haré un post sobre estos "descubrimientos" o sobre algunas "cosas bellas" que me he apetezca compartir.

El de hoy lo dedicaré a una pintora surrealista que descubrí hace poquitos días (Veronika tuvo algo que ver):


Remedios Varo (1908, Girona - 1963, Ciudad de México)

Su pintura es muy onírica, mística, simbólica, con algunos detalles que me recuerdan a un ilustrador que compartiré más adelante en esta sección.

Me es difícil escoger sólo uno de sus cuadros, pues todos los que he visto me fascinan, pero me decantaré por éste de curioso título:

Mujer saliendo del psicoanalista (1960)

Mujer saliendo del psicoanalista, Remedios Varo

Pueden ver muchos más (¡293!) en Ciudad de la pintura.



viernes, 10 de octubre de 2008

Apuntes sobre Rayuela (III)

Julio Cortázar
Rayuela dentro de la obra de Cortázar


Personalmente considero que Rayuela es la obra cúspide de Cortázar, aunque admito que no he leído toda su producción (todavía), y no pienso que sea tan similar a otros escritos suyos, prescindiendo de la estructura.

Está claro que Cortázar demuestra su talento en muchos de sus escritos, novelas, cuentos, poemas. Pero creo que lo que diferencia a Rayuela de todo lo demás es ser una suerte de punto de encuentro — de centro, si se quiere, así se riza más el rizo— entre la poesía, la novela y el cuento. Rayuela es "teóricamente" una novela (aunque él no la definía así), pero está plagada de pequeños cuentos y, lo que es más obvio, está escrita con poesía, a veces por su ritmo, otras veces por sus silencios. Con Rayuela siento más que nunca cómo es ser un personaje, que casi te resulta imposible creer que no sea real, que no está frente a ti. Por raro que parezca, esto no ocurre con cualquier lectura, aunque sea una de las metas a conseguir: identidad con los personajes, sentirlos vivos.

No sabría decir si prefiero al Cortázar cuentista o al rayuelístico, me quedo con los dos, pues los encuentro complementarios -una vez más. Como él mismo ha dicho, hay momentos en los que sólo puede escribir poesía, no habría posibilidad de prosa entonces. Pues a la hora de preferencias, me ocurre algo similar. Adoro sus cuentos, pero me apasiona Rayuela hasta el límite de la literatura. En algún momento llegué a decir que Rayuela es una novela plagada de cuentos, y lo reafirmo. Con su extraña estructura novelística tiene tantos pasajes perfectamente extraíbles y reconvertidos en relatos... En definitiva, no puedo decantarme por un Cortázar fragmentado.

Les dejo con sus propias palabras:
Personalmente creo no haber escrito nada mejor que "El perseguidor"; sin embargo, en Rayuela he roto tal cantidad de diques, de puertas, me he hecho pedazos a mí mismo de tantas y de tan variadas maneras, que por lo que a mí se refiere ya no me importaría morirme ahora mismo. Sé que dentro de unos meses pensaré que todavía me quedan otros libros por escribir, pero hoy, en que todavía estoy bajo la atmósfera de Rayuela, tengo la impresión de haber ido hasta el límite de mí mismo, y de que sería incapaz de ir más allá".
Julio Cortázar
Carta a Jean Barnabé, 3 de junio de 1963

jueves, 9 de octubre de 2008

Trivia de Arte 14

¿A qué obra pertenece este fragmento?


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SOLUCIÓN A LA TRIVIA DE ARTE 14:


El martirio de santa Catalina, Lucas Cranach el Viejo

El martirio de santa Catalina
Lucas Cranach el Viejo
Hacia 1508
Óleo sobre lienzo, 112 x 95 cm
Iglesia reformada de Ráday, Budapest

41 años sin el Che

Ernesto Che GuevaraConsternados, rabiosos

Así estamos.
Consternados, rabiosos.
Aunque esta muerte sea uno de los absurdos previsibles.
Da vergüenza mirar los cuadros, los sillones, las alfombras.
Sacar una botella del refrigerador.
Teclear las tres letras mundiales de tu nombre en la rígida máquina que nunca, nunca, estuvo con la cinta tan pálida.
Vergüenza tener frío y arrimarse a la estufa como siempre.
Tener hambre y comer, esa cosa tan simple.
Abrir el tocadiscos y escuchar en silencio sobre todo si es un cuarteto de Mozart.
Da vergüenza el confort y el asma da vergüenza.
Cuando tu comandante, estas cayendo, ametrallado, fabuloso, nítido, eres nuestra conciencia acribillada.
Dicen que te quemaron.
Con qué fuego van a quemar las buenas, buenas nuevas.
La irascible ternura que trajiste y llevaste con tu tos, con tu barro.
Dicen que incineraron toda tu vocación, menos un dedo.
Basta para mostrarnos el camino, para acusar al monstruo y sus tizones, para apretar de nuevo los gatillos.
Así estamos, consternados, rabiosos.
Claro que con el tiempo la plomiza consternación se nos ira pasando.
La rabia quedará, se hará más limpia.
Estás muerto, estás vivo, estás cayendo, estás nube, estás lluvia, estás estrella.
Donde estés si es que estás, si estás llegando, aprovecha por fin a respirar tranquilo, a llenarte de cielo los pulmones.
Donde estés, si es que estás, si estás llegando, será una pena que no exista Dios, pero habrá otros, claro que habrá otros, dignos

Mario Benedetti

martes, 7 de octubre de 2008

Por qué leo

Friedrich,Caminante sobre el mar de nieblaLeo porque me gustan las palabras: sus árboles genealógicos, sus significados de mil puertas, cómo juegan las unas con las otras, cómo se encuentran por casualidad y crean belleza.

Leo porque imagino y porque, cuando imagino, leo. Veo páginas escritas en mi cabeza, despierta y también dormida (estas últimas resultan de lo más surrealistas). Los libros imaginan un comienzo -no siempre un final- y yo los aderezo a mi manera.

Leo porque adoro al libro como objeto. Más al viejo que al nuevo, el amarillento y oloroso, el de varias manos.

Leo porque abro mundos. Elijo el de cada día y soy yo misma y otra. Espacios simples al alcance de un billete de tren, espacios complejos de existencia cifrada.

Leo porque me gusta el café caliente y una buena charla. Converso con los autores, tan cercanos y afines a mi soledad. Tan amigos cuando yo estoy callada con todos.

Leo porque respiro mejor, veo mejor, siento mejor. Porque leo y vivo más, y mis pasos dejan palabras en el suelo, que me siguen, que me envuelven, que escriben nuevos libros con los que salir al mundo cada mañana.

lunes, 6 de octubre de 2008

Mafalda, siempre Mafalda

Porque siempre me engancho, la vuelvo a leer y el tiempo no pasa...

viernes, 3 de octubre de 2008

Mrs. Vértigo

Siempre he sido una persona amante de los recuerdos. Los guardo con cariño en frasquitos individuales, con su olor, con su lluvia o con su sol, con las voces y los paisajes. De vez en cuando saco el tapón y me sumerjo en ellos; otras veces los tapones se agujerean solos y me invade la brisa por sorpresa. Por lo general sonrío, incluso río, y me asusto de cuán cerca parecen por momentos a pesar de la línea del tiempo, ya tan transitada.

Estos días he desempolvado algunos de esos frasquitos y, lo que es mejor, lo he hecho fuera de mi mente. Al reencontrar a esas personas con su halo de recuerdos, he salido de mí para intentar verlo todo desde fuera, a ellos, a mí misma y al tiempo entre medias. Con algunas ha habido sorpresas; con otras sólo confirmaciones, unas para bien, otras para mal. Da un poco de vértigo -como cantaba Ismael Serrano hace una década- observar los años, los cambios y las permanencias. Con siete años, con trece, con dieciocho, con casi treinta. Tiras de los frasquitos y ves secuencias, como si estuvieras en un cine privado, del patio del colegio, del aula decorada con dibujos y atiborrada de carpetas, de las tardes de invierno en donde la noche recortaba las horas libres, de lo lejos que estaba entonces todo, de lo mucho que importaba algo pequeño que ahora me produce risa.

Está lo que pensábamos, lo que queríamos, lo que esperábamos. Los hay que ya no piensan en esa dirección y los hay que han seguido el caminito que comenzaron hace mucho; los hay que han modificado sus querencias hasta el susto, y los que han querido y siguen queriendo, a pesar de las caídas. Y casi todos esperábamos más, o menos, quizás sólo diferente.

Me produce alivio asegurarme de una buena llegada. De que hay quien llegó a donde quería, y a donde yo quería que llegara. No sólo se siente orgullo por los hijos, también por los amigos. En parte has seguido sus viajes, sus esfuerzos, sus decepciones, has puesto alguna baldosa en el camino. Quizás ellos no lo sepan nunca, el orgullo que siento cuando recuerdo y cuento años.


Discover Ismael Serrano!

jueves, 2 de octubre de 2008

Trivia de Arte 13

¿A qué obra pertenece este fragmento?


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SOLUCIÓN A LA TRIVIA DE ARTE 13:

(Veronika)

The earth is a man, Roberto Matta

The earth is a man
Roberto Matta
1941
Óleo sobre lienzo, 183 x 239 cm
Colección privada, Chicago

miércoles, 1 de octubre de 2008

El libro de las ilusiones, Paul Auster


El libro de las ilusiones
(The book of illusions)
Paul Auster
Anagrama, Compactos
ISBN: 978-84-339-6812-8
344 págs.

Sinopsis: "David Zimmer, un escritor y profesor de literatura, se pasa los días bebiendo y cavilando sobre el minuto aquel en que su mujer y sus hijos todavía no habían subido al avión que estalló. Una noche, mirando la televisión, y por primera vez tras seis meses, algo lo hace reír. El causante es Hector Mann, uno de los últimos cómicos del cine mudo. Zimmer descubre que aún que todavía quiere vivir. Comenzará entonces a escribir un libro sobre Mann, un joven y enigmático cómico nacido en Argentina, que hace sesenta años se desvaneció sin dejar rastro. Después de publicar el libro, Zimmer recibe una carta de una mujer que afirma ser la esposa de Mann, y le sugiere que los visite a ella y a su marido en Nuevo México."

Paul Auster recibió el Premio Libro del Año 2003 otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid por esta novela.

Auster es uno de esos escritores que me han recomendado hasta la saciedad y que, a pesar de los elogios, no lograba despertar mi interés, ni siquiera con este tan alabado Libro de las ilusiones. Sin embargo, el azar bibliotecario -nunca mejor invocado, al ser uno de los temas recurrentes del autor- hizo que cayera en mis manos en el momento propicio: los días previos a un viaje en tren. Así que lo empecé a 250 km de casa y volví con él en el camino de regreso.

Cual sería mi sorpresa al comprobar que con las primeras páginas me hallaba completamente enganchada a la historia. Mientras las iba leyendo no dejaba de pensar por lo bajito: "vaya... no puedo creer que me esté gustando tanto..." Me sentía en verdad contenta y dispuesta a enarbolar con felicidad mi mala intuición. Pero resulta que a medida fui avanzando, el interés se fue desinflando, hasta el punto de que las últimas páginas las leí más por inercia que por auténtico fervor literario.

Por un lado, las detalladas descripciones de las películas de Mann me aburrieron y ralentizaron el ritmo; fueron pasajes en donde mi mente se dispersaba sin lograr detenerse en lo escrito. Disfruté con el comienzo -el nacimiento del interés de David-, con los primeros contactos a la distancia con Frieda y la propia historia de Héctor relatada por Alma. Pero todo empezó a ir cuesta abajo en el momento en que Alma y Héctor intiman y, sobre todo, cuando llegan a Tierra del Sueño. No pongo objeciones al desenlace, y confieso que sentí una rabia tremenda ante la actitud -por otro lado, con claros motivos- de Frieda, pero me quedé con un ligero sabor a decepción en los ojos.

El balance general es que no ha sido en absoluto una mala lectura, de hecho durante cierto tiempo me resultó muy buena e interesante, pero fue perdiendo fuelle hasta alcanzar un nivel vulgar, de mero entretenimiento comercial. Una lástima porque el arranque me tenía en ascuas.

No obstante, sí tengo curiosidad por leer algo más de Auster. Supongo que la tan laureada Trilogía de Nueva York.

 
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