martes, 29 de septiembre de 2009

Los dones, Ursula K. Le Guin

Los dones



Los dones
(Gifts)
Ursula K. Le Guin
Editorial Minotauro
ISBN: 978-84-450-7701-6
238 páginas










Los dones es la primera novela de la Saga de la Costa Oeste, seguida por Voces y Poderes (ésta última ha sido publicada en su versión en español hace tan solo unos meses por Minotauro). Aparecida en 2004, recibió el premio PEN Center USA en 2005. De ella, el jurado señaló la habilidad de Ursula Le Guin para inventar un país donde lo natural y lo sobrenatural parecen a la vez terroríficos y mundanos.

La autora afirma que la novela se publicó como un libro dirigido a “adultos jóvenes” (categoría que existe como tal en Estados Unidos), pero resulta evidente que la fantasía de Ursula K. Le Guin es apta para todos los públicos. Si bien es cierto que determinadas novelas, como las pertenecientes al Ciclo de Terramar (con el que la saga actual guarda cierta semejanza), parecen estar orientadas a lectores más jóvenes (sobre todo por la edad de los personajes), en todas sus obras subyace un trasfondo de corte filosófico, ético y antropológico. Así que, aunque en ‘Los dones’ se rebaja un punto la intensidad del debate en comparación, por ejemplo, con obras mucho más políticas como La mano izquierda de la oscuridad o Los desposeídos, ello no implica que nos encontremos ante una historia infantil. En las narraciones de Le Guin la acción queda siempre supeditada a la reflexión, por lo que, dentro del género fantástico y de ciencia ficción, hallamos discusiones que van mucho más allá de lo que podríamos esperar de una fantasía adolescente.

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viernes, 24 de julio de 2009

Papeles inesperados, Julio Cortázar

Papeles inesperados




Papeles inesperados
Julio Cortázar
Editorial Alfaguara
ISBN: 978-84-204-2331-9
488 páginas










Cuando a principios de año saltó la noticia de un nuevo libro con textos inéditos de Julio Cortázar, todos los cortazarianos, cual cronopios desatados, nos volvimos locos de alegría. Era la confirmación de que Julio seguía jugando, más de veinte años después de su muerte, con sus lectores, con las casualidades y, cómo no, con la literatura. En las navidades de 2006 la vieja cómoda fabulosa abrió sus rebosantes cajones y desperdigó cientos de papeles, muchos de ellos desconocidos, otros tantos desaparecidos quién sabe cuándo; en definitiva, un variopinto surtido de letras firmadas por el autor de ‘Rayuela’. Gran parte de ese botín navideño es lo que nos llega ahora, de la mano de Alfaguara, en estos Papeles inesperados.

Siendo buena adepta a la teoría de las casualidades que tanto persiguieron y alegraron a Julio en vida, me reservo mis dudas sobre cuánto de casual tuvo el descubrimiento de los cajones por parte de Aurora Bernárdez (¿jamás se le había ocurrido revisarlos?); dejémoslo en que para nosotros, los lectores, sí han resultado (muy felizmente) inesperados.

jueves, 23 de julio de 2009

¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?, Georges Perec








¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?
(Quel petit vélo à guidon chromé au fond de la cour?)
Georges Perec
Ediciones Alpha Decay
ISBN: 978-84-936540-5-4
88 Páginas





Quien dice Georges Perec dice “juego”, “divertimento”, “travesura literaria” si se quiere. En ningún caso encontraremos en sus libros un estilo, digamos, “tradicional” (si es que éste existe): Perec juega, experimenta con las palabras, con las frases, con la fonética y, por supuesto, con las historias que narra.

Con su primera obra, Las cosas, recibió el Premio Renaudot y fue aclamado por la crítica como una revelación de las letras francesas; de todos sus textos es, quizás, el menos experimental, si bien ya se aprecia su estilo y ese toque de ruptura, de visión inconforme e irónico-humorística. Un año después, en 1966, publicó ¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?, que desconcertó al punto de no recibir casi ninguna mención en la prensa. Salta a la vista que el estilo de uno y otro libro es radicalmente diferente: la calma basada en el deseo de opulencia de ‘Las cosas’ choca con la velocidad argumental y literaria que transmite en esta novella en que la comicidad arranca ya en el título.

El argumento, sencillo, desopilante y no falto de un dramático realismo, termina al servicio del lenguaje y sus posibilidades. Con esto no quiero decir que su importancia sea menor, sino que resulta tan apabullante el despliegue de estilo (muchas veces mediante la ruptura) que el punto de partida de la historia se nos queda, dentro de su originalidad, en un lugar secundario.

domingo, 19 de julio de 2009

El paseante de las dos orillas, Guillaume Apollinaire


El paseante de las dos orillas






El paseante de las dos orillas
(Le flâneur des deux rives)
Guillaume Apollinaire
El Olivo Azul
ISBN: 978-84-936637-6-6
104 págs.





En la primavera de este año la editorial El Olivo Azul diversificó su catálogo con la colección Errantes en la que, anuncian, tendrá cabida una amplia variedad de géneros (ensayos, aforismos, diarios, memorias, etc.) pero aglutinados en torno a un eje: el viaje en todas sus facetas. Ya sean viajes reales o imaginarios, interiores o de ideas, “cada uno será, a su manera, una guía de perplejos”. Los dos primeros errantes elegidos han sido Rétif de La Bretonne con Las noches revolucionarias y Guillaume Apollinaire con El paseante de las dos orillas.

Apollinaire (1880-1918) fue poeta, novelista y ensayista. A pesar de haber nacido en Roma, pasó la mayor parte de su vida en Francia y terminó convirtiéndose en un icono del París de las vanguardias y en alma del barrio de Montparnasse. A él le debemos el término ‘surrealismo’, que utilizó por primera vez en 1917 para referirse a su obra de teatro Las tetas de Tiresias, subtitulada como drama surrealista:

Cuando el hombre quiso imitar el andar, creó la rueda, que no se parece en nada a una pierna. Así hizo surrealismo sin saberlo. Después de todo, el escenario no se parece a la vida que representa más que una rueda a una pierna.

Tiempo después, en 1924, André Breton recuperó el vocablo en su Manifiesto.

El paseante de las dos orillas se inscribe en la tradición francesa de la flânerie (literalmente “paseo”), que hace referencia a una actitud vital y que originó un subgénero literario cultivado por autores como Rabelais, Rétif o Baudelaire. Este último la definió como la capacidad de “estar fuera de casa, y sin embargo sentirse en todas partes como en casa”.

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lunes, 6 de julio de 2009

Musicofilia, Oliver Sacks

Musicofilia





Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro
(Musicophilia. Tales of Music and the Brain)
Oliver Sacks
Editorial Anagrama
ISBN: 978-84-339-6289-8
464 páginas




A lo largo de los años Oliver Sacks se ha convertido en un reputado neurólogo que, gracias a su forma de narrar historias clínicas, ha acercado al gran público esta rama de la ciencia tan intrincada y, en ocasiones, sorprendente. Cualquiera que lo haya leído sabe dónde reside su atractivo, lo que hace que alguien sin conocimientos médicos devore sus libros como si se tratara de cuentos o novelas. El doctor Sacks habla, más que de enfermedades o trastornos, de pacientes (mejor dicho, de personas) y de cómo esa dolencia afecta a una vida concreta. Como un Sherlock Holmes que ausculta la mente, analiza los sentidos y los observa a la luz de las acciones más cotidianas; lo que prima en sus textos es la experiencia de la enfermedad, su mano a mano con quien la vive a diario.

Su última obra, Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro, aúna dos de sus grandes pasiones: la neurología y la música, que en estas páginas se entretejen en un intento de comprenderse mutuamente. Cómo el cerebro percibe e interpreta la música, cómo ésta es capaz de despertar zonas dañadas de nuestra mente.

En el prefacio, Sacks señala que la propensión humana hacia la música surge en la infancia y, yendo más atrás, en los comienzos mismos de la humanidad y las culturas. Si bien su origen no está claro, ni tampoco su utilidad biológica, está tan arraigada en nuestra naturaleza que podríamos considerarla prácticamente innata.

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sábado, 27 de junio de 2009

El mayor espectáculo del mundo

Esta vez ha sido un jueves. El viernes volví a a amanecer con una esquela que apenas podía creer. ¿Realmente… realmente había muerto Michael Jackson? Su estado de salud en los últimos tiempos no hace de la noticia una sorpresa, es cierto, pero tenía el pensamiento absurdo de que estaba envuelto en una especie de inmortalidad, de una burbuja que lo haría desaparecer de viejito, con su corona de Rey del Pop. Obviamente se trataba más de un deseo personal que de una probabilidad. Ha muerto Michael Jackson, esos pies mágicos, ese hombre espectáculo. Por desgracia, su muerte se ha convertido en el trampolín perfecto para recordar cada una de sus excentricidades, tanto las reales como las falsas. Supongo que la prensa amarilla debe estar frotándose las manos, desesperada por conseguir acceso a los detalles más morbosos, a las imágenes más deplorables. Mucha gente lo recordará por lo que hizo o dejó de hacer en su vida privada, cuando lo que importa es lo que fue sobre el escenario, aquello a lo que consagró su vida.

Recuerdo ver el vídeo de “Thriller” en mi casa de Buenos Aires, a los 4 ó 5 años; esa imagen vestida de rojo, moviéndose con un ritmo fuera de lo normal. Pero sobre todo mi adolescencia fue también Michael Jackson. La tarde que salí a comprar su nuevo single (“Black or white”) que salía a la venta ese día; cómo me robaron el cassette de Off the wall (grabado, con una carátula que me había fabricado con fotos de revista) de la bolsa de gimnasia del colegio; las, ahora incómodas y enormes, cintas VHS repletas de vídeos de la tele, el concierto de Bucharest, los making off, la entrevista con Ophra; las carpetas llenas de recortes; los posters en la habitación. Y el concierto. El concierto más grande al que he acudido. Esa noche inmensa, poderosa, que todavía recuerdo con la misma piel de gallina que tuve a los 13 años.

Lunes 21 de septiembre de 1992, Estadio Carlos Tartiere de Oviedo. Pude acudir gracias al permiso de mis padres, que sabían de la importancia del acontecimiento y que nos les importó que perdiera dos días de colegio y, por supuesto, a la facilidad de tener una compañera con familia en Oviedo. Eran las fiestas de San Mateo y cada noche se vivía en Oviedo un concierto distinto, el broche fue ese lunes (inicialmente debía ser el domingo, a otra hora y en otro lugar) con la parada espectacular del Dangerous Tour. No recuerdo cómo entré al recinto, ni a qué hora, pero sí que se me hizo eterna la espera, la actuación de apertura de una Rozalla de la que nadie se acuerda. Entonces sonó el ‘Carmina Burana’, las dos enormes pantallas comenzaron a vibrar con fotos de sus conciertos y, de repente, propulsado por una plataforma desde abajo, apareció sobre el escenario. Entonces me di cuenta de que también yo era capaz de gritar como una loca. Fueron dos horas de gigantesco espectáculo, de no terminar de creerme que yo estuviera ahí, viendo a alguien tan grande. Recuerdo que a nuestro lado había un padre con sus dos hijos, más pequeños que nosotras, que nos convidaron a golosinas y, lo mejor, a echar algún que otro vistazo a través de los prismáticos (así vi, de “bien cerquita”, su famoso paso durante “Billie Jean”). A la salida me compré una camiseta, que murió de puro desgastada, y creo que hasta nos grabó la televisión local en plena euforia. Aquella noche apenas dormí. Una extraña somnolencia en la que reviví, con pelos y señales, las dos horas de concierto. Por la mañana tenía la sensación de haberlo vivido dos veces.

Esta mañana he visto un par de vídeos, horribles en audio e imagen, de esa noche en Oviedo. Me emocioné pensándome ahí, a mis 13 años, presenciando lo que para mí fue “el mayor espectáculo del mundo”.

Vida triste. Genio absoluto de la música y el baile.

viernes, 12 de junio de 2009

Desafío literario

Tomo el guante que me lanza Magnolia de Acero y continúo la cadena del "desafío literario". ¿Sus reglas? Las siguientes:

1. Coge el libro que tengas más a mano.
Musicofilia, de Oliver Sacks

2. Ábrelo por la página 161.

3. Busca la 5ª frase completa de esa página.

4. Cita la frase en tu blog.

"Pero sospecho que el Valle del Tono Absoluto no existe, excepto como deliciosa metáfora edénica, o quizá como una especie de recuerdo colectivo de un pasado más musical."

5. ¡Pásalo a otros 5 blogs!
Prefiero no nombrar y que siga el juego todo el que quiera ;).

martes, 2 de junio de 2009

El viajero del siglo, Andrés Neuman

El viajero del siglo
El viajero del siglo
Andrés Neuman
Editorial Alfaguara
544 páginas
ISBN: 978-84-204-2235-0











El viajero del siglo, de Andrés Neuman, fue la obra merecedora del Premio Alfaguara de este año, que el jurado calificó como una novela posmoderna en la que hay un esfuerzo por hacer una novela clásica desde nuestro tiempo. La historia creada por el autor argentino transcurre en la Alemania del siglo XIX, pero es narrada desde la perspectiva (lingüística, literaria, incluso política) del XXI.

Las novelas, ante todo, están bien o mal escritas. Y su vigencia (...) no depende de cuándo tienen lugar sus argumentos. Hay novelas de actualidad que son conservadoras. Novelas futuristas que parecen antiguas. O novelas sobre el pasado que discuten los problemas y el lenguaje del presente. La curiosidad por estas últimas me condujo a escribir ‘El viajero del siglo’.

Lo que Neuman ha escrito es “una novela futurista del pasado, una ciencia-ficción rebobinada”. Nada es real, ni la ciudad donde transcurre el argumento, Wandernburgo, ni los personajes que la habitan. Pero es real, y bien documentado, el contexto que nutre la historia y desencadena cada acción, desde las costumbres sociales de la época a los debates filosóficos y literarios que ocupan gran parte de la narración.

viernes, 22 de mayo de 2009

El rival de Prometeo. Vidas de autómatas ilustres

El rival de PrometeoEl rival de Prometeo
Vidas de autómatas ilustres

Editorial Impedimenta
ISBN: 978-84-936550-7-5
400 páginas















Déjenme decirles los dos puntos fuertes de mi debilidad por la editorial Impedimenta. Primero, la selección de obras: pequeñas delicatessen poco difundidas de autores consagrados, hallazgos no divulgados en lengua castellana y, también, alguna que otra rareza de las letras. Segundo, el cuidado diseño de sus colecciones que logra que sus libros, al margen de su calidad literaria, sean bellos como objetos. Ambos aspectos, por supuesto, se cumplen en el presente título que inaugura ‘El panteón portátil de Impedimenta’.

La primera noticia que tuve de este libro fue hace unos meses; en ella sólo se daba cuenta de su preparación, pero el título y la temática fueron más que suficientes para despertar mi curiosidad. El rival de Prometeo. Vidas de autómatas ilustres. Con este título, cómo no va a llamar la atención, como no va a ser tentador. Una selección de textos (variopintos en estilo, carácter y época) sobre la creación de vida artificial a manos del hombre. El ser humano creador y Creador. En la mitología griega, Prometeo fue quien robó el fuego a los dioses y, en consecuencia, fue castigado; como introductor del fuego entre los seres humanos e inventor del sacrifico, se lo considera protector de la civilización. En psicoanálisis, el complejo de Prometeo hace referencia a la búsqueda perpetua del conocimiento.

La obra se organiza en cuatro apartados, cada uno de los cuales está compuesto por cuatro o cinco fragmentos extraídos de otras obras y que comparten un mismo espíritu.

martes, 19 de mayo de 2009

Lunes otra vez

Benedetti

después de todo
la muerte es sólo un síntoma
de que hubo vida








Dicen que el lunes es el peor día de la semana: la vuelta al trabajo o al estudio, recomenzar la monotonía horaria rota durante el sábado y el domingo, el sueño acumulado y el implacable despertador. Habría que discutir qué es realmente peor, si el lunes que empieza o el domingo que termina, pero en este momento carece de interés. La cuestión es que ayer mi lunes cumplió la mala fama que lo persigue. No fue el sueño ni la alarma del reloj, ni las tareas pendientes, ni ese sabor redondo y rojo en la boca, pesado, aburrido. Fue el martillazo que se produjo en un segundo y se extendió, silencioso, durante horas. Ayer nadie tiró piedritas contra mi ventana.

Hace unas semanas presagiamos el dolor, estuvimos varios días pendientes de un hilo, negándonos a aceptar lo que amenazaba inminencia. Y cuando los que estamos distantes bajamos la guardia, la ventana se cerró.

Ayer se murió el viejito, se murió un poeta. Ayer murieron tantas palabras verdaderas y hermosas.

No recuerdo el primer verso suyo que leí, ni el momento exacto; en realidad lo que no recuerdo es que no estuviera. Leo sus poemas y los siento viejos, canciones antiguas que sabemos sin saber que las sabemos. Esas páginas forman parte de mi propia geografía, con dolor y con felicidad, con nostalgia, con dulzura, con valentía. Las reproduje en cartas, las estampé en cuadernos, las recité con público y sin público, las escuché en cassettes prestados entre uruguayos y argentinos (preservando un rinconcito de patria al otro lado), las lloré mil veces con una sonrisa en los labios.

Aprendí a preguntar al azar, aprendí el sentimiento de extrañar, aprendí a defender la alegría, aprendí sobre los otros y sus mordazas. Aprendí mucho sobre lo que es la poesía y más aún sobre lo que es la humanidad.

Y es que era lindo saber que usted existía, don Mario. Es lindo saber que todavía nos quedan sus palabras.

Ayer fue lunes, y se murió un poeta.

 
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