jueves, 21 de agosto de 2008

Trivia de Arte 7

¿A qué obra pertenece este fragmento?


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SOLUCIÓN A LA TRIVIA DE ARTE 7:

(Veronika)

El juicio de Paris, Niklaus Deutsch

El juicio de Paris
entre 1516 y 1528
Niklaus Manuel Deutsch
Temple sobre lienzo 223 x 160 cm
Museo de Arte de Basilea

miércoles, 20 de agosto de 2008

El golem, Gustav Meyrink

El Golem
El Golem
(Der Golem)
Gustav Meyrink
Tusquets
ISBN: 84-7223-834-2
264 páginas

"El Golem, de Gustav Meyrink, tiene su origen en el conjunto de leyendas de la Cábala judía sobre la creación artificial de vida mediante el poder evocador de las letras. El ser artificial de la novela de Meyrink vuelve a la vida cada 33 años y vive en una habitación sin acceso situada en algún lugar del laberinto del ghetto de Praga. El Golem se erige como una figura de doble significado: de un lado, representa el doble del protagonista, Athanasius Pernath; de otro, la conciencia colectiva del ghetto, que anuncia la guerra y la destrucción. La novela aparece envuelta en una atmósfera onírica y angustiosa, donde se mezclan lo visible y lo invisible, el sueño y la realidad, a través de la cual Pernath se esfuerza por superar las esferas materiales para alcanzar el reino espiritual. El resultado es una obra fascinante, de una confusión caótica, rodeada de una atmósfera inimitable, con un final más que sorprendente, que sólo puede cautivar la imaginación del lector.

¿Qué es el Golem? ¿Un fantasma? ¿Un monstruo legendario? ¿O su propio doble, querido lector? Ese otro yo fantasmal y monstruoso que usted oculta, pero que está ahí, en su inconsciente, en sus sueños..."

Es una novela no muy extensa que se lee con rapidez y facilidad, más que nada porque engancha desde el primer momento y mantiene el suspense. No desvelaré grandes cosas de su trama por no aguar el final, expectante, sorprendente, el único posible. En el patetismo de algunos de los personajes y cierto ambiente sórdido, gris me recuerda a Dostoievski, con todas las distancias que merece; repito, es un recuerdo de lejos, en horizonte. Como bien indica la reseña que puse más arriba, es una novela que se desarrolla a través del caos, de no saber con certeza a lo que nos estamos enfrentando, y en ello reside precisamente su atractivo. Un monstruo invisible del espejo, que se esconde en las espaldas y en las frentes, que acecha en todo momento, pero no sabemos de qué forma, de qué modo toma nuestras vidas... El tema del doble está en la raíz de la novela, tema que siempre me ha interesado y más en el momento en que ésta cayó en mis manos por una de esas casualidades perfectas.

Me pareció un relato redondo. En su argumento y desarrollo, en sus personajes, en su sórdido ambiente de terror apagado, en su literatura. Resultó ser todo un descubrimiento para mí, hasta el punto de hacerme sonrojar por no haberlo oído nombrar antes... Vale la pena su lectura, preferentemente de noche, y a solas...


Sobre la historia del golem

"Estatua de barro a la que se da vida por medio de una fórmula mágica. El golem adopta con frecuencia el aspecto de un robot o autómata. La palabra significa embrión, o algo que no está totalmente desarrollado. En la Biblia y en el Talmud, el término se refiere a una sustancia amorfa. El significado actual se desarrolló durante la edad media, cuando surgieron las leyendas de sabios que podían infundir la vida en las estatuas gracias a un encantamiento. Se recurría a estas criaturas para que cumplieran las órdenes de sus creadores, que generalmente las hacían para proporcionar una protección especial a los judíos. La más conocida de las historias del golem es la del rabino Juda Löw (1525?-1609) de Praga, del cual se decía que había creado un golem para usarlo como su sirviente, pero se vio obligado a destruirlo cuando se volvió incontrolable. Sobre esta historia escribió un hermoso cuento IsaacB. Singer: El golem."

[Más información en: Leyendas del rabino Löw y su Golem]

Paul Wegener llevó a la pantalla el mito del golem según la novela de Gustav Meyrink en tres ocasiones: Der Golem (1915), Der golem und die Tänzerin (1917) y Der Golem, wie er in die Welt kam (1920).

Para postre, en 1958 Jorge Luis Borges escribió un poema sobre este mito.

viernes, 15 de agosto de 2008

14 pequeñas cosas que me hacen feliz

Recojo el meme lanzado por Magnolia de Acero sobre 14 pequeñas cosas que me hacen feliz, aunque... ¡de "pequeñas no tienen nada!:

1. Aprender cosas nuevas y sentir vértigo por todas las que me gustaría aprender.
2. La capacidad de crear.
3. La capacidad de imaginar (sin ella no soy nada).
4. La memoria.
5. Saber que tengo gente a quien escuchar y que me escucha.
6. Recordar un buen sueño.
7. Ay... leer, los libros, la literatura, la palabra.
8. El cine.
9. La música.
10. Compartir.
11. Conocer una ciudad nueva.
12. Las "casualidades".
13. Los colores.
14. El olor de un libro viejo, de la hierba recién cortada, de la tierra mojada.

Incumpliré las reglas y no le pasaré el testigo a seis bloggers sino que lo dejo al alcance de a quien le apetezca tomarlo. Sea quien sea, me encantará leer sus 14 pequeñas cosas...

jueves, 14 de agosto de 2008

Trivia de Arte 6


¿A qué obra pertenece este fragmento?


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SOLUCIÓN A LA TRIVIA DE ARTE 6:

(Veronika)

Penélope y sus petendientes, Pinturicchio

Penélope y sus pretendientes o El regreso de Odiseo
1509
Pinturicchio
Fresco 125 x 152 cm
National Gallery, Londres

miércoles, 13 de agosto de 2008

De algunas apreciaciones curiosas, ridículas y traicioneras sobre la vida cultural

A los quince años yo leía como leo ahora, abundante y variado; escribía por el mismo motivo por el que lo hago ahora, por necesidad vital; pasaba tiempo a solas, exactamente igual que ahora, porque me gusta, lo necesito y lo disfruto. Es decir, a los quince años mis gustos tiraban hacia donde siguen tirando ahora, casi quince años después. Pero no sólo leía siempre que podía, compraba libros en liberías de viejo (donde el encuentro es más excitante y feliz), estudiaba de forma aplicaba, iba sola al cine porque me importaba más la película que la compañía, sino que, en general y contra las leyes comunes de la edad del pavo, me interesaba demasiado por las "cosas culturetas".

Ante estas elecciones y otras más, añadida la carga genética, la primera apreciación fue en boca de una compañera de clase (compañera de otros, no mía, desde luego):

"Ay, pobrecita, me la imagino toda la vida con la nariz entre los libros."

Fue un comentario curioso porque, en sí mismo, resultó ridículo: ¿pretendía ser una ofensa? Al contrario, felicísima está mi nariz de anidar entre páginas. Por eso mismo fue una apreciación traicionera, ya que lo que nació con vocación de insulto terminó siendo más bien motivo de orgullo.

Por la misma época aconteció una segunda apreciación, ésta en boca del padre de una compañera de clase (de otra que durante un tiempo sí lo fue) dirigida, precisamente, a mis padres. Resumo la conversación relatada con lo siguiente: el personaje en cuestión anunció, con gran convencimiento y poderío, que a los quince años no debía estar escribiendo poemas sobre la vida y la muerte sino agitando el cuerpo en la discoteca, y que la trayectoria artística familiar no beneficiaba mi crecimiento.

Ésta, aparte de curiosa, ridícula y traicionera también fue de mal gusto.

Y así ha habido otras varias, de esa época en adelante. Antes me ofendían un poquito y otro poquito me tiraban por el suelo, ahora me río, pobrecitos, de sus bocas que tan mal insultan. La cuestión es por qué el interés por la cultura suele considerarse reducto de marginados sociales, idealistas, místicos y, tachán, a-bu-rri-dos. Porque, al fin y al cabo, si gustos hay infinitos, ¿por qué siempre se le achacan los mismos nombres al aburrimiento? A mí el baile en la disco de turno me provoca bostezos lacrimosos, como también el programa del corazón, el fútbol o el billar. Pero esas cosas están mejor aceptadas, y a "las otras" se las mira con cara de asquito y duda.

Esto, hablando en términos generales, se entiende. Por suerte los "aburridos" tenemos armas para construir nuestro "reducto", en el que, por cierto, guardo un album mental y muy divertido con varias caritas de asco.

sábado, 9 de agosto de 2008

Forges y el libro (IV)

Forges



jueves, 7 de agosto de 2008

El sueño de... ser pintor

Como bien demuestra este blog, mi principal pasión es la literatura y todo lo que ella conlleva; de ahí que también ame al libro "como objeto". Desde que me acerqué a ellos no he dejado de mirarlos y admirarlos y, aunque el tiempo y la edad modifican los gustos, continúo adorando la literatura infantil (sí, algo de genética también hay). Por cuestiones personales y profesionales desde hace un tiempo me fijo mucho en los álbumes ilustrados, y el panorama es de lo más variado: encuentro libros que me avergüenza ver en las estanterías de una librería y en las manos de los niños, otros "resultones" aunque con una calidad más bien de aprobado raspado y, por último, los que son una delicia para la vista y que ansío tener ahora, en mi vida adulta. Conservo muchos de mis álbumes de niña, bien cuidados, como tesoro, memoria y legado, y juro que, cuando los abro, puedo sentir lo que sentía a mis 5, 7, 10 años. Recuerdo las imágenes que más me llamaban la atención y que, a veces, copiaba; los pasajes favoritos, los muy tontos, los enojosos, los sorprendentes. Pero, sobre todo, recuerdo tener esos libros en mis manos como los tengo en este momento: la sensación de tocar un objeto bello, valioso, una pequeña maravilla que me hace sonreír.

Así que he pensado dejar constancia de los libros infantiles que no tuve entonces y tengo hoy. Los que de ser niña hubiera querido y tengo siendo adulta.

Hoy comienzo con una colección reciente para niños a partir de seis años: El sueño de... (Brosquil Ediciones). Hasta la fecha, se compone de doce títulos, doce cuentos sobre los grandes pintores de la historia: Dalí, Segrelles, Botticelli, Miró, Toulouse-Lautrec, Sorolla y, en la calle desde hace un mes, Botero, Velázquez, Chagall, Picasso, Gauguin y Van Gogh. Los textos se articulan bajo la idea de "el sueño del pintor", a veces más"biografiados", otras más centrados en los cuadros. Un buen punto de partida para acercar el mundo del Arte a los más pequeños.



El sueño de Paul Gauguin, Alberto Urcaray El sueño de Paul Gauguin
Texto e ilustraciones de Alberto Urcaray


El sueño de Velázquez, Marta Rivera FernerEl sueño de Velázquez
Texto e ilustraciones de Marta Rivera Ferner


El sueño de Miró, Carles Arbat

El sueño de Miró
Texto e ilustraciones de Carles Arbat


El sueño de Marc Chagall, Alberto UrcarayEl sueño de Chagall
Texto e ilustraciones de Alberto Urcaray


El sueño de Picasso, Marta Rivera FernerEl sueño de Picasso
Texto e ilustraciones de Marta Rivera Ferner


El sueño de Toulouse-Lautrec, Alberto UrcarayEl sueño de Toulouse-Lautrec
Texto e ilustraciones de Alberto Urcaray


El sueño de Botticelli, Marta Rivera FernerEl sueño de Botticelli
Texto e ilustraciones de Marta Rivera Ferner


El sueño de Dalí, Carles ArbatEl sueño de Dalí
Texto e ilustraciones de Carles Arbat


Trivia de Arte 5

¿A qué obra pertenece este fragmento?



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SOLUCIÓN A LA TRIVIA DE ARTE 5:

(Magnolia de Acero)


La toilette, William Hogarth

El matrimonio a la moda
Escena cuarta: La toilette (hacia 1743)
William Hogarth
Óleo sobre lienzo 69,9 x 90,8 cm
National Gallery, Londres

lunes, 4 de agosto de 2008

Alicia en el País de las Maravillas

A raíz de la reciente noticia de que Tim Burton está preparando, para 2010, una nueva adaptación cinematográfica de Alicia en el país de las maravillas (cosa que, siendo una fanática del director, me ha hecho saltar hasta el techo; aunque me decepciona un poquito que se trate de un proyecto en 3-D para Disney, por lo que presumo que carecerá del gótico toque Burton) he pensado que no vendría mal realizar un pequeño homenaje/recordatorio a esta obra porque, ¿quién no ha soñado alguna vez con vivir las aventuras de Alicia? Esa invitación un tanto loquita para tomar el té, el gato de Chesire y la oruga fumadora y, cómo no, la partida de crocket con erizos y flamencos. ¿Cuento para niños o... para adultos? Uno de los grandes clásicos en donde la imaginación desborda las páginas, los juegos pueden ser más complicados de lo que parecen y que, tras leerlo, es posible creer en "el otro lado de las cosas".


Un poquito de historia

Su creador fue el británico Charles Lutwidge Dodgson, a quien todos conocemos por el seudónimo de Lewis Carroll. No sólo era escritor sino también sacerdote anglicano y matemático, de ahí de los múltiples juegos de lógica que encierra la obra.


Facsímil con una ilustración de CarrollEl primer borrador se gestó en 1862 como consecuencia de un viaje en barca por el Támesis junto al reverendo Robinson Duckworth y las tres hermanas Liddell (Lorina Charlotte, Alice y Edith; de 13, 10 y 8 años). Para pasar el tiempo durante ese caluroso día, Carroll improvisó el relato de una serie de disparatadas historias a las que llamó "Las aventuras subterráneas de Alicia". El entusiasmo de las niñas hizo que Carroll se tomase más en serio su invención y la organizara en una historia más completa que comenzó a escribir cuatro meses después y concluyó en febrero de 1863. En mayo de ese año, ante la perspectiva de una posible publicación, el autor revisó el manuscrito y agregó dos capítulos. El propio Carroll había realizado varias ilustraciones a pluma, pero decidió contactar con un ilustrador profesional para un resultado más limpio. El elegido fue John Tenniel. Mientras tanto, no satisfecho con el título original, Carroll barajó varias posibilidades hasta quedarse con Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland).

El libro fue publicado en 1865 por Macmillan and Co., con una tirada de dos mil ejemplares. Sin embargo, como Tenniel quedó descontento con el resultado impreso, el libro no fue vendido en Inglaterra pero sí en Estados Unidos, con nueva portada. Pocos meses después Macmillan preparó una nueva edición, y en 1869 se publicaron las traducciones al francés y alemán.

Curiosidades

De entre los numerosos idiomas a los que ha sido traducida se encuentra el esperanto.

En 1998, un ejemplar de la primera edición (se conservan 23 copias) fue subastado por 1,5 millones de dólares: el libro para niños más caro hasta ese momento.

De la segunda edición inglesa, Carroll solicitó para uno de los ejemplares una encuadernación especial en vitela blanca como regalo para Alice Liddell.

En 1890 se publicó una versión para niños menores de 5 años: Alicia para los pequeños (The nursery Alice).

En 1871 se publicó una segunda parte de la obra, menos conocida pero quizás "más adulta" (en mi opinión): A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Through the Looking-Glass, and What Alice Found There).


Algunas adaptaciones cinematográficas

1903, Cecil M. Hepworth. La mayor parte del metraje ha desaparecido, por lo que no se ha podido restaurar en su totalidad.

1933, Norman Z. McLeod. Con guión de Joseph L. Mankiewicz esta versión adaptaba el libro original y su secuela. Entre los actores participantes estaban Gary Cooper y Cary Grant.

1951, la versión de Disney. Creo que cuando pensamos en Alicia a todos nos viene a la mente la figura animada creada por Disney. Al igual que la anterior, aglutina ambos libros.

Alicia en el País de las Maravillas, Walt Disney
1983-1984, Nippon Animation. Serie televisiva de anime que, sin superar en éxito ni en calidad a la versión de Disney, fue bien acogida.

1988, Jan Svankmajer. La película combina actores reales con la técnica del stop-motion. Tras haber visto de este director Otesánek, tengo unas ganas locas de ver esta adaptación de Alicia.

2008, Marilyn Manson. Pues no es broma pero me da "miedo": Manson se estrenará como director de largometraje con Phantasmagoria-The visions of Lewis Carroll, intepretando al escritor, además de escribir el guión y encargarse de la banda sonora.

Fuentes: Wikipedia y Adn.es.

viernes, 1 de agosto de 2008

Una historia de la lectura, Alberto Manguel

Una historia de la lectura


Una historia de la lectura
Alberto Manguel
Alianza Editorial
ISBN: 978-84-206-7261-8





Qué maravilla, cómo he disfrutado leyendo este ensayo. He aprendido, he recordado, he multiplicado (aún más) mis ganas de leer, he imaginado los libros en sus diferentes formatos en las diferentes etapas de la historia.

Creo que, en realidad, escribir una historia de la lectura no puede ser más que un proyecto, un intento, algo nunca terminado ni completo. Son demasiados los vericuetos que la lectura, en sus diversos niveles, ha atravesado en tantos siglos como para compendiarlo todo en unas cuantas páginas. Por eso esta obra de Manguel no habla sobre la historia de la lectura sino que relata una historia de la lectura. La historia que cuenta Manguel parte de su curiosidad, su interés, sus memorias como lector desde los días de su infancia en que acudía a casa de Borges para leerle libros. De ahí que en medio de investigaciones históricas surjan los recuerdos, por ejemplo, de las ediciones leídas por Manguel. Aunque por mera cuestión de edades yo no comparta sus añoranzas, al leer el libro he rememorado mi infancia y adolescencia. Quizás una de las mejores cosas que me ha dejado este texto es el recordarme feliz leyendo desde niña; la ilusióm con la que compraba cada libro, el momento mágico en el que recorría los títulos en la estantería y elegía el más apetecible, la sensación de ser la protagonista de esa historia... Lo mejor que puedo decir es que no sólo la lectura ha formado siempre parte de mi vida sino que, sobre todo, ha contribuido a mi felicidad. Los momentos lectores han sido siempre momentos felices.

Me he ido por las ramas..., pero eso es precisamente uno de los atractivos de esta obra: hace soñar, imaginar y recordar. Se cuenta una historia de la lectura a través de una historia de las mentalidades y las costumbres, de los cambios históricos y religiosos, del lugar ocupado en la sociedad. Desde las tablillas al papiro y a los códices, pasando por la lectura en imágenes de las escenas bíblicas; la literatura "masculina" y la "femenina", las convenciones sociales, la censura; el temor ante la expansión de la lectura, su difusión mediante lecturas en voz alta en el trabajo. A todo lo que se le añaden magníficas imágenes de cuadros, fotografías, ilustraciones, en donde los libros cobran protagonismo.

Por cada capítulo y época iba imaginándome el hábito de entonces: desde la Grecia y Roma de la antigüedad, hasta la Edad Media y el Renacimiento; los recitales de autores en el XIX. Me ha resultado interesantísimo el capítulo de "los lectores silenciosos", cómo entonces la lectura era concebida únicamente de forma auditiva, sonora, externa.

Es éste un libro en el que los lectores se encuentran con su pasión, con esa necesidad imperiosa de devorar letras, a lo largo de los tiempos y los cambios culturales. Me ha hecho sentir muy niña, cuando rebuscaba entre las colecciones infantiles para, poco a poco, ir adentrándome en caminos más maduros; me ha hecho sentir acompañada en un acto tan privado como el de la lectura. Me ha hecho sentir feliz, otra vez, de disfrutar tanto, tanto leyendo.

 
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